Iniciación

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XXII

Lucía soltó las cuartillas sobre la mesa. Había perdido todo sentido de la lógica y la realidad leyendo las extrañas historias, o visiones, o sueños, o alucinaciones, o lo que fueran de su vecino. Maldijo entre dientes: ni siquiera podía asegurar con certeza que fueran de él. Tuvo el deseo repentino de salir a la calle a respirar la realidad, pero sin saber por qué, se sintió invadida por el terror. ¿Qué podría esperarle allí fuera? En el mejor de los casos, solo encontraría el humo y la cotidianeidad de la ciudad. Alzó la mano en busca del teléfono: llamaría a su amiga; pero se sintió sin ganas de enfrentarse al azar de una conversación. Finalmente decidió recurrir a enviarle un mensaje de texto e invitarla a visitarla en cualquier momento que ella deseara. Después, se tumbó en el sofá y descansó.

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