Iniciación

El principio está aquí. Si quieres seguir este blog puedes hacerlo abajo del todo, y si eres de quienes prefieren amenizar la lectura con un poco de hilo musical, pincha aquí. Puedes distribuir, exhibir y representar parcial o completamente La Habitación Oscura, siempre y cuando cites mi autoría, me consultes previamente, y no la uses para hacer una obra derivada ni con fines comerciales.

XV

Como de costumbre, todo estaba oscuro. Lucía se había aficionado a no encender las luces del bloque cuando llegaba a casa, y ahora había salido del ascensor, y había dejado la puerta de este sujeta, porque había visto un libro tirado en el suelo del pasillo. Se asomó con suspicacia, utilizando la puerta de escudo preventivo contra posibles agresores. Tanteó las paredes del pasillo en busca de interruptores pero no los encontró, así que encendió la linterna de su móvil, e iluminó el suelo. Este estaba lleno de botes de pintura, derramados, formando charcos de colores en el suelo. Lucía pensó que era una paradoja encontrar pintura en la oscuridad. Había más libros volcados en el suelo, algunos con sus páginas pintarrajeadas por efecto de los botes de pintura. Lucía creyó oír el penetrante y agudo sonido de las ratas. El corazón se le inyectó de adrenalina. Decidió que debía avanzar, ¿a dónde ir sino? Conforme daba pasos sus zapatos se enterraban en los espesos líquidos que cubrían el suelo. Cuando llegó a la puerta su sorpresa fue mayúscula. La puerta de la casa de su vecino estaba abierta. Ya no se oía chillido de ratas. De hecho, no se escuchaba nada. Un impulso desconocido llevó a Lucía a adentrarse en aquel lugar, de repente le daba la impresión de que no corría ningún peligro. Dejó de escuchar el sonido de su propio corazón. Estaba en la casa de Él, en el origen de todos los enigmas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Como dice una vieja amiga, un blog se alimenta de comentarios. Aliméntalo.